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11 de noviembre de 2016

LA RECONCILIACIÓN (WAKAI), de Lafcadio Hearn

 

   Hace bastante tiempo (lo sé, tardo mucho en publicar en el blog) escribí sobre Yuki onna e incluí la leyenda que, sobre ella, Lafcadio Hearn había transcrito en una de sus obras más conocidas "Kwaidan: Stories and Studies of Strange Thing", publicada en 1903 (kwaidan, arcaísmo de la palabra kaidan, hace referencia a los cuentos extraños o de fantasmas, algo que ya expliqué en este mismo blog). Pues bien, para ilustrar la publicación sobre esta leyenda, escogí fotogramas de una película muy especial que convertía en imágenes cuatro de las historias recogidas en tres de los libros de Hearn: Kwaidan (El más allá).

    Si alguien me preguntara qué película considero que hay que ver antes de morir, tras volverme medio loca durante un rato (odio que me hagan este tipo de preguntas), seguramente escogería  Kwaidan. Dirigida por Masaki Kobayashi y estrenada en 1964, es una de las películas más bellas que he visto. Y digo bien, bellas, ya que en ella el aspecto artístico está completamente supeditado a la irrealidad, a lo onírico, al terror...a todo lo que supone un cuento de fantasmas. Los decorados (hay que poner la pausa para admirar como se merece el cielo y la luna "vigilante" de la historia de Yuki onna), el vestuario, el maquillaje teatral (mención especial se merece el de Hoichi, "el desorejado" y su cuerpo adornado de sutras), los sonidos, que no la música...en fin, como soy una enamorada de esta película la considero perfecta de principio a fin, así que no me extraña que en 1965 hubiera ganado el Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes y hubiera sido a su vez nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa (ese año ganó una película checoslovaca, La tienda de la Calle Mayor). Lo que me extraña es que no hubiera ganado el Oscar y que no sea tan conocida como merece, aunque el J-horror actual parece haber eclipsado a los grandes clásicos, como Kuroneko, Onibaba, Cuentos de la luna pálida de agosto...
      A medio camino entre el cine y el teatro, sin caer en la exageración del Kabuki, claro está, y con un ritmo algo lento para algunos (supongo que habrá alguna película japonesa que no sea ni lenta ni larga, pero aún no la he encontrado), Kwaidan nos cuenta cuatro historias independientes entre sí:

  • Pelo Negro (Kurokami): Esta historia es la que justifica este artículo, así que hablaré de ella en detalle más adelante.
  • La mujer de la Nieve (Yukki Onna): Una de las leyendas recogidas por Hearn en Kwaidan (1903) y de la que, lo recuerdo una vez más, ya se ha hablado. 
  • Hoichi, "el desorejado" (Miminashi Hôichi no Hanashi): Otra de las historias adaptadas de Kwaidan y muy fielmente, como las anteriores.
  • En una taza de té (Chawan no Naka): Esta historia, que aún no he leído, pero que también pasará por aquí, está recogida en Kottô: Being Japanese Curios with Sundry Cobwebs, publicado en 1902.


 PELO NEGRO

     Esta es la primera historia de Kwaidan y una de las mejores, quizá porque es la que llega a rozar el terror, aunque éste no sea en realidad el fin último de la película, así como tampoco lo era del kaidan, que buscaba más inquietar o sorprender. Está basada en el relato "La reconciliación" (Wakai), recogido en Shadowings, obra publicada en 1900.


     Protagonizada por Rentaro Mikoni (samurai), Michiyo Aratama (primera esposa) y Misako Watanabe (segunda esposa), "Pelo Negro" cuenta la historia de un samurai (del que nunca sabremos su nombre, al igual que ocurre con el resto de personajes) sumido en la pobreza debido a la caída de su señor. Ante la perspectiva de continuar con una vida indigna y miserable, decide ponerse a las órdenes del gobernador de una provincia lejana, dejando atrás no sólo su hogar en Kioto, sino a su propia esposa: "Para los hombres progresar es lo más importante. No puedo renunciar por ti. No puedo enterrar mi futuro aquí". Estas son las palabras que le dedica a su esposa, antes de apartarla del camino de no muy buenos modos. Antes de ir a su nuevo destino, se casa con una mujer perteneciente a una familia bien situada, una familia que le asegurará una buena posición social. Con el paso del tiempo, el samurai se dará cuenta de su error, de que la juventud y el no saber valorar el verdadero amor, le hicieron tomar una mala decisión y ser cruel con quien no lo merecía. Su nueva esposa, egoísta e insensible (vaya, un fiel reflejo de sí mismo), no le hace feliz. Los recuerdos de su primera esposa le persiguen, hasta el punto que rompe sus lazos conyugales, una vez más, y va a buscarla. Eso sí, este samurai se toma las cosas con calma y desde que toma la decisión de volver a su hogar, hasta que lo hace, pasan unos añitos de nada, ya que espera a quedar libre de sus obligaciones con el gobernador. A partir de aquí, mejor ver la película.
 
Pelo Negro es una fiel adaptación del relato original, que incluyo en este artículo, así que supongo que voy a fastidiar un poco la historia a quien quiera ver la película, aunque ya advierto que el final de Pelo Negro es mucho mejor que el de La Reconciliación, alcanzando altas cotas de dramatismo, algo que no sucede en el relato, que te decepciona un poco. Supongo que, una vez más, la visión occidental de una historia de fantasmas no es la misma que la oriental, cuyos finales suelen un poco repentinos y, a veces, hasta simplones, nada impactantes. Advierto que es una opinión personal y referente a las viejas leyendas. Una de las cosas que me llamaron la atención de Pelo Negro, fue el sonido, no me refiero a la música, sino a los ruidos que se oyen cuando el samurai regresa a su casa. No hay música, no hay diálogos, sólo una serie de sonidos descompasados con la imagen, lo que llega a producir cierta incomodidad y, a la vez, el que te vayas preparando para lo que se avecina. Estás entrando en un mundo que no es el nuestro, se ha rasgado el velo que nos separa del más allá.
     Me gustaría mencionar un detalle de la historia que nos puede extrañar, salvo que estemos versados en la historia y cultura de Japón. En una escena de la película, cuando el samurai y su segunda esposa están de viaje, hacen una parada en el mercado de un pueblo. Ella ve un puesto de telas y se siente tan atraída por una azul, que acerca al rostro para comprobar su suavidad. Aquí vemos por primera vez que la nueva esposa del samurai tiene los dientes negros y, sinceramente, es chocante, pero la explicación a esto es sencilla: los tiene así porque pertenece a una clases social alta.


     En realidad, sus dientes están teñidos de negro, tal y como hacían en el Japón de los períodos Heían y Edo (desde el S.VIII al XIX). Era costumbre entre las clases altas la práctica del ohaguro, es decir, el ennegrecimiento de  los dientes con limaduras de hierro disueltas en vinagre y mezcladas con tintes vegetales, tanto porque se consideraba que era lo más apropiado para la salud dental, como para resaltar la posición social. Esta tintura se debía aplicar prácticamente todos los días. Hacia el siglo XII la moda se extendió tanto entre los hombres de la nobleza y como entre los samurai, pero, tal como había sido desde el principio, volvió a ser una cosa sólo de mujeres, para, posteriormente, restringirse aún más su uso y pasar a ser una práctica sólo de mujeres casadas. Tanto el ohaguro como el okimayu (esto es, el rasurado de cejas y el pintar unas nuevas prácticamente en la frente), como ya se ha dicho, son costumbres de las clases sociales privilegiadas, razón por la cual, en Kwaidan, es la segunda esposa quien las muestra en su rostro, en contraposición a la primera, de clase humilde, que conserva sus cejas y no tiene los dientes teñidos. Ya sabes, no te acostarás sin saber algo nuevo.



LA RECONCILIACIÓN

      "Cierto samurai joven de Kioto, reducido a la miseria por la caída de su señor, se vio obligado a abandonar su casa y entrar al servicio del gobernador de una provincia distante. Antes de marcharse de la capital, se divorció de su esposa, una mujer buena y hermosa, convencido de que podría mejorar su situación con otra alianza. Entonces se casó con la hija de una familia distinguida, que le acompañó a su nuevo destino.


      Pero en la inconsciencia de la juventud y la grave necesidad, el samurai no pudo comprender el valor del afecto que descartó tan a la ligera. Su segundo matrimonio no fue feliz; el carácter de su nueva esposa era cruel y egoísta, y pronto encontró toda clase de motivos para pensar con nostalgia en su pasada vida en Kioto. Entonces se dio cuenta de que todavía amaba a su primera mujer, mucho más de lo que nunca podría querer a la segunda, y comenzó a reconocer lo injusto y desagradecido que había sido. Poco a poco este sentimiento se transformó en un arrepentimiento que le robó la paz de espíritu. Le perseguían sin cesar los recuerdos de la esposa traicionada, su dulce forma de hablar, sus sonrisas, su delicadeza,  su firme paciencia. A veces la veía en sueños ante el telar, como cuando tejía día y noche para ayudarle en sus años de pobreza, otras más sola, sentada en el suelo de la pequeña y humilde habitación donde la dejó escondiendo sus lágrimas con la manga de su raído kimono. Incluso pensaba en ella durante el trabajo; entonces se preguntaba cómo vivía, qué hacía. Algo en el corazón le decía que ella no aceptaría otro esposo y que nunca le perdonaría. Y decidió en secreto irla a buscar tan pronto como pudiera regresar a Kioto, pedirle disculpas, volver a vivir con ella y hacer todo lo que estuviese en su mano en para compensarla por lo acontecido. Y así pasaron varios años. Por fin acabó el mando del gobernador y el samurai quedó libre.



        - Ahora volveré con mi amada- se prometió- ¡Ah, qué crueldad, qué absurdo haberme divorciado de ella!
    Y así devolvió su segunda esposa, que no le había dado hijos, a su familia y se apresuró hacia Kioto para buscar a su antigua compañera, a cuya casa se encaminó sin siquera cambiar su indumentaria de viaje.
     Cuando llegó a la calle donde ella vivía, ya era tarde por la noche, la décima noche del noveno mes, y la ciudad estaba tan silenciosa como un cementerio. Pero la luna clara iluminaba suficiente, de modo que encontró la casa sin dificultad. Tenía un aspecto del mayor abandono y las hierbas crecían en el tejado. Llamó a una puerta corrediza y nadie respondió. Como no estaba cerrada por dentro, abrió y entró. La primera habitación estaba vacía y ni siquiera tenía esteras de paja, y las otras tenían el mismo aspecto lastimoso. Daba la impresión de que la casa estaba desocupada.
      Sin embargo, el samurai decidió echar una mirada a la pequeña habitación del fondo, la favorita de su esposa, que gustaba de descansar allí.


       Acercándose a las puertas corredizas cerradas, se sorprendió mucho de ver un resplandor. Deslizó la puerta y lanzó un grito de júbilo al verla cosiendo a la luz de una linterna de papel. Sus ojos se encontraron y ella le saludó con una sonrisa.

                - ¿Cuándo regresaste a Kioto? ¿Cómo me encontraste entre tantas habitaciones oscuras?
      Los años no la habían cambiado. Al samurai le pareció tan joven y linda como en sus recuerdos más queridos, aunque se le hizo mucho más entrañable aún su dulce voz, temblorosa por la feliz sorpresa.

      Se sentó a su lado muy contento y le dijo muchas cosas: cómo se arrepintió de su egoísmo, cuánto la echó de menos, la constante pena que sentía por ella y sus prolongadas esperanzas de resarcirla por todo, mientras la acariciaba y le pedía perdón una y otra vez. Ella le repuso con gran ternura, que le salía del alma, que cesara de reprocharse. No era justo que hubiera sufrido tanto por ella, ya que siempre se consideró indigna de ser su esposa. Por supuesto, sabía que la pobreza le había obligado a la separación, ya que mientras vivieron juntos él siempre fue muy bondadoso. Nunca había dejado de rezar por su felicidad. Pero, si hubiese algún motivo de enmienda, ya habría desaparecido de más con su honorable visita. ¿Qué mayor dicha había que verle, aunque fuera sólo un instante?

           - ¿Sólo un instante?- preguntó con una risa alegre- Mejor di para las próximas siete existencias. Amada mía, excepto si tú te opones, estoy dispuesto a regresar para vivir contigo para siempre. Nada nos podrá separar de nuevo. Ahora tengo medios y amigos, no precisamos temer a la pobreza. Mañana traeré mis pertenencias y mis criados te servirán. ¡Verás qué preciosa arreglaremos la casa! Esta noche- explicó en tono de disculpa- llegué tan tarde, incluso sin cambiarme de ropa, porque no podía esperar a verte y decirte todo esto.



       Ella pareció muy feliz con estas palabras y a su vez le contó todo lo acontecido en Kioto desde que él se marchara; excepto sus propias penurias, sobre las que se negó a hablar con delicadeza. Conversaron hasta muy tarde. Después la mujer le condujo a una habitación más caliente, orientada al sur, en la que habían pasado su noche de bodas.

            - ¿No tienes a nadie que te ayude en casa?- preguntó el samurai cuando ella empezó a preparar el lecho.
             
               - No, no me podía permitir tener una sirvienta, de modo que he vivido sola- repuso, riéndose alegremente.
             
                - Desde mañana tendrás muchos sirvientes- dijo- Buenos sirvientes y todo lo que desees.

     Se acostaron para descansar, pero no durmieron porque tenían demasiadas cosas que contarse; y hablaron del pasado, el presente y el futuro, hasta que comenzó a amanecer. Entonces al samurai se le cerraron los ojos y quedó profundamente dormido.
     Cuando despertó la luz entraba por las grietas de los postigos y, ante su tremenda sorpresa, se encontró acostado sobre las tablas desnudas de un suelo mohoso...¿Había sido todo sólo un sueño? No, ella estaba allí, durmiendo...Se inclinó para mirarla y soltó un grito: la mujer no tenía rostro. Junto a él, envuelto en una mortaja, yacía su cadáver, tan deteriorado que no quedaba más que los huesos y el largo cabello enmarañado.
         Presa de horribles estremecimientos y malestar se levantó bajo los rayos del sol, y poco a poco, el horror gélido dio lugar a una desesperación tan intolerable, un dolor tan atroz, que se aferró a la sombra irónica de la duda. Simulando no estar al corriente de nada, se aventuró por el vecindario para averiguar el camino a la casa donde vivió su esposa.

               - No hay nadie en aquella casa- le repuso alguien- Pertenecía a la esposa de un samurai que dejó la ciudad varios años atrás. Antes de marcharse se divorció de ella para casarse con otra mujer, y sufrió tanto y cayó enferma. No tenía parientes en Kioto ni nadie que la cuidara, y murió en otoño de ese mismo año. El décimo día del noveno mes..."





- Lafcadio Hearn: "Historias Misteriosas". Luna Books, 1996. 

- Imágenes: Kwaidan (1964). Pelo Negro (Kurokami)














26 de junio de 2015

YUKI ONNA


 

Yuki Onna es uno de los seres o yokai más famosos de Japón y no es de extrañar, su belleza y el entorno en que se aparece no deja de tener cierto aire romántico, aunque éste no sea precisamente uno de los espíritus más amables con que nos podamos encontrar. Bueno, seamos justos, todo depende de la historia que nos cuenten.
Su nombre está formado por dos kanji:
       - Yuki: Que significa “nieve”
               - Onna: Que significa “mujer”

Sin embargo, su nombre no es un elemento que se mantenga fijo, al igual que las propias características de este yokai, ya que depende de la región en que se desarrolle la historia. Así, puede llamarse “Hija de la Nieve” (Yuki Musume), “Madre de la Nieve” (Yuki Onba), “La Joven de la Nieve” (Yuki Onago), “La Esposa de la Nieve” (Yuki Nyobo)...Como se puede comprobar lo único que tienen en común es la palabra “nieve”, yuki, acompañando a cualquier otra que haga referencia a su condición de mujer.


Y, desde luego, su nombre es muy apropiado, porque parece que siempre se trata de una mujer de tez muy pálida, casi translúcida, con su largo y oscuro cabello suelto y vestida con un kimono blanco, de tela fina, nada apropiada para el frío invernal. Según las distintas leyendas la yuki onna puede ser una mujer joven y muy hermosa (como en la historia de Lafcadio Hearn) o una mujer de avanzada edad que solía ser vista por aquellos que realizaban el kangeiko en los días más fríos del invierno. Dependiendo de la fortaleza y la determinación de la persona ante la que se apareciera la yuki onna, sería una visión de buen o mal augurio (Michael Ashkenazi “The Handbook of Japanese Mythology”).

La mayoría de las veces se la representa con el cabello negro, pero en un texto del período Muromachi (1333-1573), precisamente el primero en que sale este ser, llamado Sogi Shokoku Monogatari (Cuentos de Sogi de Muchas Tierras), se la describe con el cabello blanco. En esta colección de relatos, Sogi, un monje poeta, narra sus experiencias en sus viajes por Japón. Con respecto a la yuki onna, el propio Sogi fue testigo, cuando viajaba por la provincia de Echigo (la actual prefectura de Nigata) de su aparición. Según su relato, salió de su casa una mañana nevada y vio a una hermosa, pero extraña mujer, de pie, en el jardín nevado. Aunque su cara era joven y hermosa, su pelo era completamente blanco y caía libremente sobre sus hombros. Su Kimono, también era blanco, casi transparente. Sogi intentó hablar con ella, pero se desvaneció. Hablando sobre esta visión con un vecino de la zona, le dijo que era el Espíritu de la Nieve, que normalmente aparecía durante una fuerte nevada.
Teniendo en cuenta que Sogi vivió entre 1421 y 1502, se puede deducir que la Yuki onna data de al menos el año 1300, aunque seguramente es más antigua, ya que según Sogi, los residentes de la región decían que los ancianos eran los que afirmaban haberla visto, pero que hacía mucho tiempo que no se aparecía.
Como se puede comprobar, según Sogi, la yuki onna aparecía con las nevadas. Pero esta circunstancia también varía, no sólo en función del relato, sino también de la región de que se trate. Así, se puede aparecer durante una tormenta de nieve (como en la historia contada por Lafcadio Hearn), con la nieve recién caída en una noche de luna llena, puede ir y venir con las ventiscas, durante el Año Nuevo...
En cuanto a los motivos que mueven a este ser, son de lo más variados. Según F. Handland Davis: “La Dama de la Nieve está muy lejos de ser un espíritu atractivo y benevolente. Todo el arte y la poesía de la nieve se desvanece en su maligna presencia, porque ella representa la muerte, con atributos no distintos a los de un vampiro”. Y no le falta razón, porque según algunos relatos, yuki onna sólo ve a los humanos como alimento y les absorbe la energía vital (como en el cuento de Lafcadio Hearn), eso sí, echándoles primero su aliento, hasta conseguir que se congelen.
Ilust. Yasumasa Fuhita para "Kwaidan" 1932
En Niigata se dice que prefiere a los niños, así que aparece durante el período del Gran Año Nuevo (del 1 al 7 de enero) y consigue que los niños y jóvenes la sigan. Ellos servirán de alimento o bien a sus hijos, o bien a ella misma (en realidad se trata de la
yuki joro, una princesa de la Luna que bajó a la tierra con la nieve). En otros casos, parece divertirle hacer que los viajeros se pierdan en la nieve y que se mueran ellos solitos. En otros, se le atribuye rasgos de la ubume (el fantasma de una mujer que ha muerto en el parto y que lleva a un niño en brazos, niño que no es tan ligero como podría pensar en un principio el que se atreva a cargarlo). Así pues, la yuki onna puede aparecer en mitad de la nieve con un niño en brazos, rogando a algún viajero inocente que le ayude a llevarlo, pero en cuanto alguien coge al niño, éste se vuelve cada vez más pesado, hasta el punto que hunde en la nieve al desesperado viajero, que no puede desembarazarse de él. Sin embargo, parece que en ocasiones, la Dama se porta bien con quien decide ayudarla con su niño y, si no intenta soltarlo a pesar de todo, le bendice con grandes dones. Y es que es un personaje que no siempre es malvado, a veces se nos antoja no sólo benigno, sino casi una víctima de una maldición (vamos, que no es que la pobre sea mala, sino que es su sino).





En cualquier caso, la leyenda más conocida sobre yuki onna en la de Lafcadio Hearn, del mismo nombre. Aquí encontramos las características por las que es reconocida por la gran mayoría de los japoneses (y no japoneses) y su carácter seudovampírico, pero también su lado tierno, pues ¿qué hay más tierno que enamorarte de un hombre y tener hijos con él? Lástima que este hombre lo estropeara todo por no mantener una promesa. Hay que ser bocazas...


¿YOKAI O YUREI?

No es este el momento de explicar extensamente qué es un yûrei, baste decir que es un fantasma, o un tipo de fantasma, y que, a pesar de que todos los yûrei se consideran yokai, no todos los yokai son yûrei (es un lío, lo sé).
La yuki onna, como se ha dicho, es un yokai, pero en ocasiones se confunde con un fantasma, precisamente porque tienen características comunes. Así, yuki onna es pálida, tiene el cabello muy largo y suelto y lleva un kimono blanco o kyokatabira, muy simple, que era el empleado a la hora de enterrar a los difuntos. Asimismo, las mujeres eran enterradas con el cabello suelto. Por lo tanto, su aspecto no es muy distinto al del fantasma clásico. Además, se dice que yuki onna no deja huellas cuando caminaba sobre la nieve o que, simplemente, no se oyen sus pisadas cuando consigue entrar en alguna casa, lo que podría indicarnos que no tiene pies, otro de los rasgos que tienen (o tenían) los fantasmas. Se cree que esta idea proviene de la forma en que los ilustradores del período Edo representaban a los yûrei, cuyo cuerpo se iba difuminando y no se dibujaba la parte inferior (aunque sí que hay leyendas de fantasmas con sus correspondientes pies).
Otro elemento que nos puede hacer dudar es que, según R. Gordon Smith en “Ancient tales and Folk-lore of Japan”, todos los que mueren en la nieve se convierten en espíritus de la nieve, es decir, en Yuki Onna, por tanto son fantasmas (aunque no explica si sólo se convierten en este ser las mujeres que mueren en la nieve o cualquier persona, aunque sería un poco extraño). Es más, a veces se la representa como un fantasma vengativo.
Y es que es yuki onna es un yokai tan atractivo que queda bien en prácticamente cualquier historia: de amor, de terror, como fantasma vengativo o preocupado, como madre pendiente de su hijo huérfano, como vampira...da igual, necesitamos una yuki onna en nuestra vida.
Kaidan Yuki Jorô  de Tokuzo Tanaka (1968)




Fuentes:
- Lafcadio Hearn: “Kwaidan” (Yuki Onna)
- F. Handland Davis: “Myth and Legends of Japan”, George G. Harrap & Company, London, 1912
-Michael Ashkenazi: “Handbook of Japanese Mythology”, ABC CLIO, 2003.

Ilustraciones: 

30 de junio de 2014

UN CUENTO DE FANTASMAS




    Zhu Xi fue un famoso erudito de la dinastía Song (dinastía que gobernó entre el año 960 y el 1279) que decidió escribir sobre los fantasmas, pero desde un punto de vista totalmente escéptico. Zhu Xi no creía en los fantasmas y era tan sabio que si él decía que no existían...pues no existían. Ya tenía, incluso, el título de su tratado: "No hay fantasmas". Es cierto, para ser tan sabio no se volvió loco con el título.
    Los fantasmas se enteraron de las intenciones de Zhu Xi y, evidentemente, se preocuparon, pues no querían desaparecer y si el erudito seguía adelante eso era precisamente lo que sucedería, se evaporarían. Tras arduas deliberaciones, decidieron enviar a su más inteligente representante a casa de Zhu Xi para que evitara que éste continuara con sus planes.
    Así pues, el fantasmas se apareció ante el sabio, que, aunque sorprendido, no dudó en demostrarle que su presencia le importunaba, a pesar de las reverencias del ser espectral:

        - ¿Por qué me molestas a estas horas de la noche, fantasma? - le preguntó Zhu Xi (sí, sí...ya sé que he dicho que no creía en fantasmas, pero esto es un cuento, déjate llevar).


   
          - Estoy aquí para...

    Zhu Xí no dejó terminar de hablar al pobre espíritu:

        - Los humanos vivimos en la dimensión Yang del mundo, los fantasmas en la Yin, así que no puedo ayudarte.

        - Pero tengo algo importante que decirle.

        - Muy bien, dímelo.

    Por fin el fantasma pudo hablar con el sabio y le explicó que si seguía adelante con su ensayo ellos desaparecerían, morirían...otra vez. Zhu Xi no parecía muy convencido, de hecho se echó a reír.

        - Los fantasmas habéis recibido veneración de los hombres durante mucho tiempo. Ya es hora de que desaparezcáis.

    No era la respuesta que el fantasma esperaba.

        - He oído que los fantasmas podéis hacer cualquier cosa. ¿Me podrías desplazar fuera de mi casa?

    Zhu Xi inmediatamente apareció fuera de su casa. Estaba realmente sorprendido, pero, como no creía en los fantasmas, a pesar de estar hablando con uno, no podía demostrar su asombro, así que, disimulando, volvió a probar al espíritu:

        - Ya veo que, efectivamente, puedes mover mi cuerpo, pero ¿puedes hacer lo mismo con mi corazón?

        - Eso es imposible, Señor. Los fantasmas sólo movemos las cosas para demostrar nuestra existencia. Existimos en las ideas. Si crees, allí estaremos. Si no crees, no nos hallarás. Ya que no puedo convencerte para que no escribas tu tratado ¿podrías incluir lo que te acabo de decir?.

    Zhu Xi prometió al fantasma que así lo haría, al fin y al cabo sus palabras tenían mucho sentido. Y cumplió su palabra.

                                       " Si crees, allí estaremos; si no crees, no nos hallarás" 



Ilustraciones: Luo Ping, S.XVIII

Nota: A pesar de que me gustaría poner el libro o la web de donde extraje este cuento, me es imposible, ya que no lo recuerdo, simplemente lo tenía medio perdido entre mis papeles.

12 de enero de 2014

YOTSUYA KAIDAN: LA HISTORIA DE OIWA

  Yotsuya Kaidan o “La historia de fantasmas de Yotsuya”  es una de las historias de fantasmas más famosas de Japón y una de las que más veces se ha representado.Se trata de una obra de Kabuki (teatro japonés) escrita en 1825 por Tsuruya Nanboku. Éste se inspiró en dos sucesos reales. En uno de ellos unos sirvientes asesinaron a sus señores, pero fueron ajusticiados el mismo día. En el otro un samurái, al descubrir que su concubina le engañaba con un sirviente, hizo que ambos fueran clavados a una tabla de madera y lanzados al río Kanda.
   Se dice que aún hoy, los actores que van a representar esta obra, sobre todo la persona que tiene el papel de Oiwa, van a presentar sus respetos a su tumba, en un templo de Yotsuya, Tokio. Van a pedirle permiso y que les otorgue su bendición, pues si no se hace pueden producirse accidentes misteriosos.
    Al ser una historia tan popular, con el paso del tiempo ha sufrido muchos cambios, pero los elementos más importantes siguen ahí. Les voy a contar la historia de Oiwa.
    Iemon y Oiwa estaban enamorados. Pero Iemon era un rônin (un samurai sin señor) sin trabajo y sin dinero, por lo que el padre de Oiwa no veía con buenos ojos la relación, pensaba que ese hombre no era lo suficientemente bueno para su hija. Ante la negativa del hombre de permitir la unión de ambos, Iemon, guiado por la rabia, lo asesinó. La joven, desconocedora de lo sucedido, encontró consuelo en su amado, que prometió encontrar al asesino de su padre. La pareja se casó y vivieron felices un tiempo, pero Iemon se aburrió pronto de su esposa. Oiwa había tenido un hijo y su salud era delicada. Para mantener a su familia, él se vio obligado a vender sombrillas de papel encerado. Esta situación le llenaba de frustración y cada vez odiaba más a su esposa.
    Entonces ocurrió algo que podía cambiar su vida a mejor: conoció a Oume, una joven adinerada. Comenzó a cortejarla, a pesar de estar casado, y pronto consiguió que la joven se enamorara de él. Un día, el padre de Oume fue a hablar con Iemon, para decirle que su hija estaba muy enamorada de él y que debían casarse. Iemon no tuvo más remedio que confesarle que tenía esposa y que si ella no existiera se casaría sin dudarlo con Oume, y se haría merecedor de pertenecer a la familia. Ante esta confesión, el padre de Oume no sólo no le rechazó, sino que le propuso una forma de solucionar sus problemas. El plan era sencillo, pero perverso: envenenar a Oiwa.
Tokaido Yotsuya Kaidan (1959)

    Oiwa amaba a su esposo, por eso no desconfió de él cuando le dijo que tomara una medicina que le traía, que la ayudaría a recuperar fuerzas. Ella se la toma y cae inconsciente, aunque su esposo cree que está muerta y la abandona. Sin embargo, el veneno no la ha matado, sólo la ha desfigurado, se le ha caído el pelo y se le ha desprendido un ojo. Cuando despierta y se mira al espejo, la horrible visión que se refleja en él y la compresión de lo que su esposo había intentado, le provocan la muerte.
Kaidan Oiwa no borei (1961)

    Oiwa tenía un fiel sirviente, Kobote Kohei, que encuentra su cadáver y pronto se da cuenta de lo ocurrido a su señora. Pero Iemon no iba a permitir que nadie le arruinara su nueva boda y su futuro, así que acusa al sirviente de haberle robado y consigue que sea ajusticiado el mismo día. No contento con esto, manda a crucificar los cuerpos tanto de su esposa como de su sirviente en una tabla de madera que arroja a un río cercano. Iemon iba a pagar con creces su afrenta, ya que Oiwa iba a convertirse en un onryô, un espíritu vengativo.
  
La noche antes de su boda, Iemon se dio cuenta que la lámpara que tenía a su lado empezaba a oscurecerse, por lo que se quedó observándola, intrigado por lo que estaba pasando. De repente, de la lámpara surgió el horrible rostro desfigurado de Oiwa y cada vez se hacía más grande, hasta casi llenar la habitación. “¡¡ TRAICIÓN!!!” esta fue la palabra que salió de su boca. Iemon golpeó y golpeó a la horrible aparición, hasta que ésta desapareció y lo único que encontró fue la lámpara destrozada. Cansado, pensó que todo debía ser producto del alcohol que había bebido ese día.
    Al día siguiente Iemon y Oume se casan. Cuando llega el momento de levantar el velo que oculta el rostro de su nueva esposa, sólo ve la cara desfigurada de Oiwa. El samurai desenvainó su espada y la decapitó, pero lo que ver rodar por el suelo es la cabeza de Oume. Horrorizado, sólo se le ocurrió ir a casa de su suegro, pero no se encontró con éste, sino con el fantasma de Kohei. Iemon, sin pensarlo dos veces, le clava su espada...matando en realidad al padre de Oume.
´   Iemon huye, pero no le sirve de nada, pues ve la cara de Oiwa en cualquier lugar. Se retira a las montañas. Un día de pesca aparece en el río, ante él, la tabla con los cadáveres clavados y putrefactos de Oiwa y Hohei. Iemon no encuentra lugar de descanso, en los bosques las lianas se transforman en serpientes, el humo en el cabello de Oiwa...Iemon no deja de huir, de un lugar a otro, hasta que se encuentra a su cuñado, que lo mata, vengando así todas las muertes de su familia.


 En otras versiones Iemon envenena la comida de Oiwa, que aún no ha dado a luz, y ésta pronto empieza a retorcerse de dolor ante la mirada fría de su esposo. Se queda inconsciente, pero su marido cree que ha muerto y la deposita en la cama, en la esperanza de hacer creer que se trata de una muerte natural. Cuando Oiwa despierta no recuerda nada, pero ha perdido a su hijo y su rostro está desfigurado. Mientras, su marido está gestando su nueva boda, sin saber que su esposa aún vive. Cuando vuelve se lleva la sorpresa, pero sigue con su plan. Un día la convence para ir a dar un paseo y la lleva hasta un acantilado, allí la empuja al vacío. Al poco tiempo encuentran su cuerpo completamente quebrado y el marido, en una gran actuación, se muestra dolido y se gasta el poco dinero que tiene en su funeral. En esta versión, al final Iemon vuelve hasta el acantilado donde mató a su mujer. En esta ocasión hay un testigo que ve cómo Iemon es empujado por una mujer, el fantasma de Oiwa.


Fuentes: